Porque decía: «Si tan solo toco Sus ropas, sanaré». Marcos 5:28 (NBLA)
Miraba a mi hijo, de solo dos añitos, en la sala de emergencias pediátricas. Mi esposo lo sostenía mientras lloraba, y recuerdo haber deseado que alguien me abrazara a mí también. Me veía agotada, pero por dentro me sentía peor.
En las semanas previas, mi familia había pasado por algunas de las pruebas más difíciles que jamás habíamos enfrentado, culminando cuando mi hijo se cayó del trampolín y del golpe se le abrió la cara. Afortunadamente, comenzó a sentirse mejor después de los puntos y unos cuantos días de cuidados especiales. Pero el trauma persistía. Sentíamos como si nuestra vida hubiera sufrido mil tajos pequeños, llevándonos a gatear lentamente hacia Jesús en busca del cuidado especial que todos necesitábamos.
Menos de dos minutos justo antes de la lesión, le había dicho a mi esposo, «Creo que ya está cesando. Creo que esta etapa difícil ha terminado». Pero luego, todo volvió a empezar.
La nueva serie de pruebas que se desencadenó incluyó semanas de tratamiento dental intenso para mí, una cirugía para extirparme una úlcera grande en el labio y una angustia mental de esas que solo podía provenir de un enemigo maligno. El diablo estaba tratando de silenciarme y paralizarme.
Desesperada por encontrar alivio, sanidad y un respiro, quise rendirme muchísimas veces. ¿Te has sentido así también?
En nuestros momentos de mayor agotamiento y desesperación, cuando lo único que podemos hacer es gatear hacia los pies de Jesús, debemos recordar que gatear también cuenta. Significa que seguimos avanzando; no nos hemos rendido aún. Y mientras gateamos hacia Jesús, Él nos encuentra justo donde estamos con el poder sanador que solo Él puede brindar.
La perseverancia no se define por la velocidad, sino por el esfuerzo constante por avanzar con desesperación y determinación pura para alcanzar la luz al final del túnel… Jesús.
En la Biblia encontramos a una mujer cuya desesperación impulsó su perseverancia. Había sufrido hemorragias durante doce años y había intentado todo lo posible por hallar sanidad. Su último recurso fue acudir a un hombre que, según ella creía, la sanaría. “Porque decía: «Si tan solo toco Sus ropas, sanaré»” (Marcos 5:28).
Me imagino que no fue fácil para ella abrirse paso entre la multitud para llegar a Jesús. ¿Te imaginas teniendo que emplear todas tus fuerzas para atravesar una masa de gente mientras estás débil y sangrando? No estoy segura de poder hacerlo yo.
A menos que supiera con certeza que la persona a la que intento alcanzar puede, en muchos sentidos, salvarme la vida.
Me pregunto si, en su determinación por llegar a Jesús, la mujer trató de avanzar gateando. También me imagino gateando hacia Jesús en mis momentos de mayor debilidad. Y lo visualizo andando lentamente a modo que yo pueda alcanzar Su manto, para liberarme del dolor y del pecado.
A veces, el único paso siguiente que puedes dar es gatear… pero gatear también cuenta. Aunque sea gateando puedes allegarte a Jesús para que puedas encontrar sanidad, no con tus propias fuerzas, sino con las Suyas.
Jesús, ayúdame a mantenerme enfocada en Ti cuando esté desesperada por alivio y a seguir gateando hacia Ti cuando sienta ganas de rendirme. Alimenta mi fe y restaura mi espíritu en los momentos difíciles. Gracias por la libertad que me brinda Tu toque sanador. En el Nombre de Jesús, Amén.
A menudo experimentamos que la vida es demasiado distinta a la vida que anhelamos. Lysa Terkeurst lo entiende muy bien. Pero ella ha aprendido que, ya sea que estemos lidiando con desilusiones diarias o pérdidas que alteran nuestra vida, podemos encontrar una fortaleza inesperada en medio de la lucha entre nuestra fe y nuestros sentimientos. En No debería ser así, Lysa nos invita a procesar nuestros dolores de una mejor forma, a descubrir el secreto de mantenernos firmes y no entrar en pánico cuando Dios realmente sí nos da más de lo que nosotras podemos manejar.
¿Buscas más aliento? Proverbs 31 Ministries tiene recursos bíblicos gratuitos en español que traerán esperanza y te ayudarán a navegar el día a día.
Salmo 141:8, Por eso tengo los ojos puestos en ti, mi SEÑOR y Dios, en ti busco refugio; no me dejes morir. (NVI)
Jeremías 17:14, Sáname, SEÑOR, y seré sanado; sálvame y seré salvo, porque tú eres mi alabanza. (NVI)
¿Qué prueba te hace ansiar desesperadamente un alivio, y cómo puede esta dificultad llevarte a Jesús?
¿De qué forma has visto a Jesús andar más despacio para permitirte alcanzarlo mientras gateabas hacia el borde de Su manto? ¡Comparte tus pensamientos con nosotras en los comentarios!
© 2026 por Kaitlin Chappell Rogers. Todos los derechos reservados.
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