Un nombre extraordinariamente poderoso
Lisa Harper
»Por lo tanto, que todos en Israel sepan sin lugar a dudas, que a este Jesús, a quien ustedes crucificaron, ¡Dios lo ha hecho tanto Señor como Mesías!». Hechos 2:36 (NTV)
El SEÑOR es mi pastor … Tu vara y Tu cayado me infunden aliento. Salmo 23:1a, 4b (NBLA)
Sobre todo, sean fervientes en su amor los unos por los otros, pues el amor cubre multitud de pecados. 1 Pedro 4:8 (NBLA)
Se produjo un desacuerdo tan grande que se separaron el uno del otro. Hechos 15:39a (NBLA)
Cuando habla, lo hace con sabiduría; cuando instruye, lo hace con amor. Proverbios 31:26 (NVI)
Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos. Hebreos 4:16 (NVI)
Si el SEÑOR no hubiera sido mi ayuda, Pronto habría habitado mi alma en el lugar del silencio. Si digo: «Mi pie ha resbalado», Tu misericordia, oh SEÑOR, me sostendrá. Cuando mis inquietudes se multiplican dentro de mí, Tus consuelos deleitan mi alma. Salmo 94:17-19 (NBLA)
Como un águila que aviva a sus polluelos y revolotea sobre sus crías, así desplegó sus alas para tomarlo y alzarlo y llevarlo a salvo sobre sus plumas. Deuteronomio 32:11 (NTV)
Nadie tiene amor más grande que el dar la vida por sus amigos. Juan 15:13 (NVI)
Él contestó: «Lo que es imposible para los seres humanos es posible para Dios». Lucas 18:27 (NTV)
La lengua de los sabios hace que el conocimiento sea atractivo, pero la boca de un necio escupe tonterías. Proverbios 15:2 (NTV)
»Por lo tanto, que todos en Israel sepan sin lugar a dudas, que a este Jesús, a quien ustedes crucificaron, ¡Dios lo ha hecho tanto Señor como Mesías!». Hechos 2:36 (NTV)
Porque todo lo creado por Dios es bueno y nada se debe rechazar si se recibe con acción de gracias; porque es santificado mediante la palabra de Dios y la oración. 1 Timoteo 4:4-5 (NBLA)
Pero a todos los que lo recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios, es decir, a los que creen en Su nombre, Juan 1:12 (NBLA)
Una vez más Jesús se dirigió a la gente y dijo: —Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida. Juan 8:12 (NVI)